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Cosas de la vida

En voz alta

Cosas de la vida

Otoño. Aquí en Europa el paisaje cambia de colores. A mí me encanta, claro, pero no dejo de pensar en las frutas y la verde vegetación de mi añorado Caribe.

De pequeña, recuerdo que los europeos que vivían en Cuba decían que les aburría estar en un lugar en que las plantas no mudaban su atuendo. Y yo no lo entendía.

Con el tiempo aprendí que ir a caminar por un parque en que los árboles perennes se quedan verdes y las hojas de los demás han caído, después de pasar del verde al rojo, dorado y marrón... oír crujir bajo tus pasos, sentir el aire fresco, el murmullo de las ramas, de la gente pasando... es casi tan emocionante como caminar por la arena a orillas del mar.

Viviendo del otro lado del charco me he acostumbrado a estos cambios. Me he acostumbrado a las frutas de acá, al clima, a la vida en esta curiosa ciudad. Convivo perfectamente con la lluvia, con estos colores otoñales, que contrarrestan con el gris belgradense, que aparece en casi todas sus tonalidades en los edificios.

Cada vez que cruzo el puente de Branko miro el parque con atención y voy registrando qué árbol se va poniendo amarillo, qué zona está más naranja, más roja. Y es que me gusta mucho, mucho, el otoño en Belgrado.

Y yo me pregunto si a ustedes les gustaría en igual medida la vegetación eternamente verde. Las frutas de colores, aromas y sabores indescriptibles, los frondosos árboles de flores raras y olorosas. Mi experiencia me dice que sí, porque, en definitiva, el mango maduro, auténtica fruta asiática, pero aplatanada en las zonas tropicales, tiene los colores del otoño.

 

 

Autor teksta: Jenny Perdomo

Autor fotografije: artsaus.deviantart.com